A la otra orilla del río te espero,
Abriendo los ojos bien grandes para tratar de entenderte,
De encontrarte.
Comprender las motivaciones del azar,
Si es que tal cosa es comprensible,
Para hallar a donde apuntar mi dedo y no golpear mí propio pecho.
¿Cuántas veces he vivido la misma leyenda idiota?
A la deriva de la experiencia que nada me enseña,
Porque más puedes tú que mi sollozo.
La lógica no es más que el razonamiento del cobarde,
En cambio, yo cabalgo, sola, pero cabalgo,
Hasta nuestro enigma.