Para mí, ésta carta es un tanto contradictoria, donde el autor desacredita sus propios argumentos. ¿Cómo puede decirle a alguien que no busque consejos ni segundas opiniones sobre sus escritos, pero al mismo tiempo dedicar dos páginas a hacer exactamente eso? Yo creo firmemente que para poder escribir, escribir bien, se debe saber de escritura, se debe conocer la belleza de otros autores, quererlos, amarlos, y de la misma forma, refutar las creaciones de otras; entender aquello que hace que una poesía sea monótona, y que una narrativa no sea lo suficientemente fugaz como para atrapar al lector desde la primera mayúscula hasta el punto final.
Concuerdo con el autor cuando dice para aquel que crea, no hay vida pobre ni lugar indiferente; en todo hay belleza, en todo hay una historia que vale la pena contar. Siempre quedarán recuerdos, fragmentos de vida, donde uno se pueda resguardar, y a partir de esa semilla, madurar las palabras que formarán los párrafos y versos de un recuento.
Sin embargo, creo que se exagera un poco durante la carta, pues fomenta que la escritura sea el epicentro de la existencia del autor, el único amor, su pasión, su dicha y sus suspiros. Sí, mientras que es cierto que al momento de plasmar las historias uno debe ser devoto a la pluma y al alma, uno debe vivir para poder recordar, para poder crear.
La vida va más allá del ser autor.
