viernes, 2 de diciembre de 2011

Comment j'ai découvert que Noël n'existe pas.

Triste. Nada poético. Lamentable.
Una tarde cualquiera, o noche, sinceramente no recuerdo, paseaba por los canales hasta aterrizar en Warner, donde sintonizaba "Friends". Recuerdo claramente que era un episodio de Navidad, donde Ross quería evitar que su hijo Ben descubriera que Santa no existía. Yo no entendía mucho, ya que Santa si existía -para mí-. Era incongruente, irreal, los escritores se habían equivocado obviamente, ¡SANTA CLAUS ERA REAL!
Tantas veces había respondido mis cartas, había comido mis galletas, había entendido justamente qué muñeca quería. Siempre sentí que teníamos una relación especial, un vínculo. Pero no, todo siempre fue un engaño, una falacia, una mentira brutal, pero de esas que califican como bondadosas; la Navidad no es más que un intento de los padres de hacer que sus hijos tengan ilusiones y conserven la inocencia.
En fin, terminé el capítulo con una duda plantada en mi cabeza, en mi inconsciente. ¿Era posible?
No, no lo creo.
Tal vez sí.
Nah.
Pudiese ser.
Debo desharcerme de esta duda.

"¡¡¡Mamá!!!", gritos, alaridos, desesperación. Mamá llega corriendo, me encuentra, tranquila en mi cama. Se alivia. "¿Qué ocurre?", le expliqué mi duda, mi frustración. Se entristeció al saber que su niña no suspiraría infinitamente cada 24 de Diciembre en la noche, ni se preocuparía de escoger las mejores galletas para el gordito en traje. No, se acabó. Se decidió por explicarme la verdad, mejor dicho, me explicó la mentira.

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